Cuando Henry Ford le dijo «no» a Paul Rand

En 1966, Paul Rand recibió el encargo de Henry Ford II de rediseñar la identidad de la compañía fundada por su abuelo. El objetivo era muy sencillo: modernizar el logotipo de Ford. Sin embargo, el resultado de aquel proyecto le agenció a Paul Rand su primer «no».

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Hablar de logos de coches sin mencionar al fabricante que sentó las bases de la producción en serie debería estar prohibido. A lo largo de sus más de 100 años de historia, Ford ha descubierto que parte del éxito está en la continuidad y el posicionamiento de su marca, que nació en América pero que ahora mismo tiene el coche más vendido de todo el mundo

La historia del logo del Ford se empezó a escribir un día cualquiera del año 1903. A diferencia de lo que muchos pensarían, el primer logo de la marca no lo diseñó Henry Ford, sino Childe Harold Wills, un asociado de Henry que se encargó del departamento de ingeniería y diseño de la marca. 

Aquel primer logo ya era una clase de óvalo, aunque muy decorado al estilo de los espejos de aquella época. En el centro llevaba el nombre de la marca "Ford Motor Co." y su ciudad de origen: Detroit, Michigan. Al haber sido concebido durante los primeros años de la marca, aquel logo se utilizó más en comunicados y tarjetas de presentación que en coches, porque en 1906 se presentó un logo completamente nuevo

En aquel nuevo emblema se adoptó la base de la tipografía del logo de Ford que conocemos en la actualidad, con trazos exagerados en la primera y la última letra del nombre. No llevaba ningún óvalo, pero fue la placa dorada que distinguió a modelos tan emblemáticos como el Ford Model T.

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Del ‘no me gusta nada’ al nacimiento del óvalo azul
— Ford
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En 1912, algún revolucionario —pero poco visionario— diseñador de la marca decidió que era buen momento de darle una nueva identidad al logo de Ford. Su propuesta fue un triángulo con alas que incluía el nombre de la marca y las palabras The Universal Car e iba pintado en azul o en naranja. A Henry Ford no le gustó nada, así que aquel emblema duró apenas unos meses

Ese mismo año se creó el logo que, de cierta forma, perdura hasta nuestros días: las letras de Ford encerradas en un óvalo. Este logo les funcionó tan bien, que en 1927 lo único que hicieron fue darle el característico color azul, pero se conservó el trazo del óvalo y de la tipografía. Ese día de 1927 había nacido, por fin, la firma del óvalo azul.

El tiempo le ha dado la razón a los diseños limpios: el óvalo azul ha sido más exitoso que cualquier triángulo con alas.

El tiempo le ha dado la razón a los diseños limpios: el óvalo azul ha sido más exitoso que cualquier triángulo con alas.

Con el tiempo, la idea original se ido perfeccionando, mas no alterando. Tres décadas después del primer óvalo azul, se estrenó el nuevo logo de la marca, con un óvalo de trazo irregular, pero las mismas letras elegantes y el sello azul que, según algunos medios británicos, significa el sello de la fiabilidad y de la economía

En 1976 se presentó una actualización del logo en la que el óvalo retomó su figura regular, pero creció a lo largo y estrenó una tipografía más fresca. Además, el color azul recibió un acabado brillante y detalles en plata. De no ser por la ligera puesta al día del logo realizada en 2003 —con motivo del 100º aniversario de la marca— este sería ya el logo que la firma de Detroit utiliza en la actualidad. 

Después de todos estos años, la identidad del logo de Ford ha sido prácticamente la misma. Por eso se ha logrado posicionar como uno de los más reconocidos en todo el mundo; de hecho, hay quienes aseguran que, después del de Coca-Cola, el emblema de Ford es uno de los logos más conocidos internacionalmente. Y entre los logos de coches, desde luego, lo es también.

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